El trastorno de pánico, pertenece a la familia de los trastornos de la ansiedad clínica, en el
que la persona afectada sufre repetidos ataques de ansiedad y miedo en ausencia de
estímulos externos que puedan desencadenarlos. Suelen estar acompañados de
cambios significativos en la biología de la persona, y de una preocupación continua de
que se produzcan nuevos ataques de pánico.
Se caracteriza por episodios inesperados y repetidos de intenso miedo acompañados por
un cuadro de síntomas que pueden llegar a ser 13, y de los cuales si sólo padece 4, ya se
considera un trastorno de la ansiedad. Estos incluyen desde opresión y dolor en el pecho,
palpitaciones aceleradas del corazón (taquicardia), sudores fríos, hormigueos, falta de
aire o falta de aliento, sensación de asfixia, mareos, angustia, temblores, molestias
abdominales y/o alteraciones gastro-intestinales, náuseas, vómito, sensación de irrealidad
o miedo a la inminente pérdida de control, etc.
Pueden concomitar con trastornos de evitación de situaciones o lugares temidos, con
objeto de huir de los estímulos que procuran estos ataques de pánico, tendiendo a
apoyarse compulsivamente, en personas o en sustancias, para intentar controlar a toda
costa una repetición de estos episodios.
Las personas que sufren de este trastorno tienen sentimientos de terror o miedo, que
aparecen de repente, sin avisos previos y que puede durar desde varios minutos, hasta
incluso algunas horas.
No existen unas causas concretas para que se produzca un trastorno de pánico ni su
aparición.
La predisposición genética juega un papel esencial en su padecimiento, aunque se
reconoce que las experiencias estresantes lo disparan, generalmente a edad joven, pero
siempre como condición de tener antecedentes ansiosos familiares.
Durante un ataque de pánico, se activan las mismas zonas del cerebro que en las
experiencias de miedo y terror, pero con la gran diferencia de que va siempre seguido del
episodio de ansiedad. La predisposición genética está relacionada con unos niveles bajos
de serotonina y de ácido gamma aminobutírico (GABA) heredados, quienes desempeñan
una función calmante en el cerebro.
Estas personas genéticamente predispuestas, tienen un menor número de receptores de
la serotonina que los demás. Los medicamentos que inhiben la recaptación de la
serotonina y el GABA, son de gran eficacia para combatir sus ataques de pánico, pero no
pueden resolver la recidiva en la mayoría de los casos, por lo que la terapia resulta muy
necesaria y altamente recomendada y es aquí donde la hipnoterapia o terapia con hipnosis
entra en juego ya que es uno de los modelos más reconocidos por su eficiencia
clínica en la extinción de estos trastornos porque inhibe los cuadros hasta su desaparición
en un episodio de terapia razonablemente breve.
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